“No dejes que otros caigan”

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Acompañamiento, Ciencia espiritual, Coaching, Universo cuántico

Cada mañana preparo para desayunar un “black chai” de la marca Yogi Tea. Es una mezcla para infusión ayurvédica a base de especias cuidadosamente seleccionadas y té negro de Assam, la variedad tal vez más popular para convertirla en un exquisito blend de gusto delicado y al mismo tiempo explosivo.

El té de Assam se cultiva a nivel del mar en la región que le da nombre, situada en el Himalaya Oriental. Crece en arbustos de hasta 20 metros de altura, con hojas que se desarrollan hasta alcanzar los 20 centímetros de largo, en suelos arcillosos y ricos en nutrientes, bajo temperaturas que fluctúan del calor más extremo hasta el frío de un invierno siempre húmedo, penetrante y a veces cruel. Estamos en la India…

La variedad “black chai” elaborada por la Empresa alemana Golden Temple Natural Products, es un preparado biológico a base de té negro, jengibre, canela, anís, achicoria tostada, rooibos, pimienta negra, clavos, extracto de canela y aceite de jengribre. El resultado es, sencillamente, delicioso; un paladar excelente para los adictos a la gastronomía especiada. Pero el gusto indiscutiblemente exótico de esta variedad que sólo he podido localizar en algunas tiendas muy seleccionadas de Madrid, no es para mí el único aliciente por el que definitivamente he optado por serle infiel al café de toda la vida… Al abrir los sobres de papel reciclado azul que exhiben una delicada taza decorada con la imagen del Dios Ganesha, tomo la bolsita y la deposito en el interior de una taza de formato inglés para desayuno, una de esas “big mugs” de colores, algo burdas pero absolutamente entrañables. Aguardo los 5-7 minutos de necesaria infusión después de los cuales la bebida ha cobrado todo su matiz y diversidad aromática, y entonces leo en la etiqueta el mensaje que el Dios de la Sabiduría tiene para mí esa mañana. Hoy leía “Just don’t let someone fall”, y entonces he recordado un correo recibido ayer, a una hora casi intempestiva, cuando estaba a punto de retirarme a dormir.

El correo decía “gracias por acompañarme, el peldaño esta vez era demasiado alto…” Mi amigo hablaba de una presentación para la que hemos trabajado juntos durante algunas semanas, y el mensaje, si bien escueto, era lo suficientemente claro para que supiera que el resultado había sido un éxito. Just don’t let someone fall... De algún modo, todos necesitamos la mano que nos sostenga mientras ascendemos al siguiente peldaño… Hoy he visto que todo lo que convertimos en ritual es parte de lo que somos, y que la búsqueda de eso precisamente, nos lleva al lugar exacto donde podemos tender una mano para que alguien al lado no caiga en su ascenso…

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