El amor y sus aliados en los procesos de coaching

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Acompañamiento, Branding, Ciencia espiritual, Coaching, Human potential, Marca personal, Talento, Transformación, Universo cuántico

(Antes y después de la cantante Susan Boyle)

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En el mundo en que yo me muevo, coaching, desarrollo de personas y creación de la propia marca personal, el mensaje más generalizado es la fortaleza interior, tanto para perseverar en la búsqueda, como para alimentar el amor que uno siente y que es el verdadero motor de todo cambio, y desde luego para transformar creencias que hunden nuestras expectativas, en aliados recios y leales que nos harán ver las posibilidades de éxito y no de fracaso.

Es cierto, el cambio comienza en el interior de uno mismo.

Sin embargo, y aunque hay verdaderos ejemplos de fortaleza en las circunstancias más adversas, es evidente el influjo que los seres humanos logramos sobre amigos, familiares, parejas… Hasta el punto de convertir cisnes en verdaderos patitos feos y a la inversa. Cuando los profesionales, y a veces no tan profesionales, despiden a sus clientes diciéndoles que son ellos quienes tienen la fuerza del cambio, y a veces desoyen las circunstancias que rodean a la persona para centrarse con más o menos urgencia en el resultado a futuro, – he oído en petit comité frases del tipo si quieres cambiar, !hazlo! – están en lo cierto y lo saben, pero probablemente olvidan quiénes permanecieron a su lado mientras fraguaban lo que son hoy, qué frases les ayudaron a creer en sí mismos, y en definitiva, a quién además de a ellos mismos, “deben” su rotundo éxito…

Todos tenemos la necesidad de sentirnos únicos en nuestra conquista, y en el más amplio sentido lo somos, es cierto; sin la voluntad de cambio no hay cambio. Sin el amor como motor no hay cambio… Pero no es menos cierto, y es a lo que hoy quiero dedicar esta entrada, que la interdependencia nos hace tan vulnerables como poderosos, y que si bien el motor está dentro, son los otros nuestra “parada y fonda”, el reposo de nuestras frustraciones, el aplauso a las pequeñas conquistas y la mano que nos sostiene cuando es necesario. También son lo contrario.

Tal vez sea esto lo que hace que el proceso de coaching marque un antes y un después en las relaciones profesionales entre personas. Nunca antes un profesional fue tan amigo en el sentido más clásico del término: la palabra amicus que se deriva del verbo amare, amar. En la relación de coaching debe haber amor a la persona y sus posibilidades, verlo como es en su esencia, y no en sus pequeñas “miserias”, descubrirlo ante sí mismo, ponerlo frente a un espejo donde ya sólo está el cisne…

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