Lección sobre la humildad

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Ciencia espiritual, Coaching, Creatividad, Human potential, Talento, Universo cuántico

Ayer al mediodía me cancelaron una cita cuando estaba a punto de salir de casa para dirigirme al lugar previsto para el encuentro. Había estado trabajando toda la mañana en el Mac, preparando un proyecto de marca personal para un nuevo cliente, y de pronto me pareció una idea estupenda contar con un par de horas o tres de tiempo para mí misma. Hasta las 16:00, que después fueron las 16:40, no tenía el siguiente compromiso, de manera que aquellas casi tres horas se convertían en un inesperado regalo…

Muy bien, me dije.., !tiempo para el deporte!

Calcé mis zapatillas Air Pegasus de la marca Nike, el modelo clásico con el que he corrido cientos de kilómetros, y único producto del mercado al que soy fiel desde hace veinte años, y me dirigí a un pinar cercano a mi domicilio, un pequeño pulmón donde me gusta evadirme al menos un par de veces todas las semanas… 

Cuando llevaba 10 ó 12 minutos de carrera, me topé con una escena realmente curiosa… Una pareja de mediana edad, cincuenta y muchos, y expresiones amargas, espetaba a una tercera, una mujer algo mayor, de pelo rosado y atavío montañero, acompañada de un perro delgado, de talla media y porte ciertamente elegante, la siguiente  frase, como si la cosa no fuera con ella: ¡Ya podía la gente recoger las cacas!, decía la esposa. El hombre torcía el gesto y miraba en descarado reto a la contrincante…

La señora del pelo rosa, dio media vuelta y respondió lo siguiente: ¡Señora, usted y yo somos cacas, no sé a qué viene tanto remilgo! ¡De dónde creerá que ha salido el bosque!, añadió, volviendo a girarse hacia su trayecto…

Evidentemente, ralenticé mi paso para dedicarme a observar tan singular escena… La señora del pelo rosa siguió su camino ante los rostros perplejos de aquella pareja de caminantes preocupados por la limpieza en los campos, no sin terminar un discurso que prometía maneras: “¡A ver si la realidad virtual nos está volviendo majaras!” Todos ignoraron mi presencia como si yo no estuviera…

Durante el resto de la carrera, no dejé de darle vueltas a la escena, y al sentido de las palabras de aquella singular señora, de pelo rosa, andares de pizpireta y perro aristocrático, mucho más profundo de lo que pudiera parecer en una primera lectura. ¿Nos está volviendo majaras el exceso de civilización, la tecnología, la sofisticación y la “realidad virtual”, como lo denominó ella?

La frondosidad de los árboles, la floración en la primavera y el manto verde que han dejado las lluvias estos días atrás, son la nueva vida tras la descomposición orgánica de todo lo que está vivo. De pronto es para mí tan cierto, que incluso lo llevaré a mis sesiones cuando sea menester “tocar tierra”. “Caca” lo denominó la señora de las montañas, respondiendo con la misma palabra que la esposa molesta… En la conciencia de esta parte de nosotros mismos, la naturaleza orgánica a la que pertenecemos, está la integración de nuestro único límite, y la sencillez que somos como realidad viva, con las posibilidades infinitas de hacer, mejorar, crecer y cambiar lo que tenemos entre manos…

Deberíamos recordar con humildad que somos parte de eso, organismos vivos, perecederos, limitados, humildes; sabiéndonos ilimitados en nuestra capacidad de crear. No quiero que se me olvide a partir de ahora…

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