Mirar con el corazón

Ciencia espiritual, Coaching, Creatividad, Human potential, Transformación, Universo cuántico

Al tomar decisiones de transformación, de avance, al construir la idea del cambio que deseamos en nuestra vida, esperamos que ante los ojos aparezca el “producto terminado”, nuestro estado ideal. De algún modo esperamos que la oferta deba estar disponible como si se tratara de una especie de catálogo con paquetes vacacionales, lleno de fotos y especificaciones que nos permiten elegir con total conocimiento de causa. Nunca sucede.

Cuando estamos moviéndonos hacia el cambio, la vida ante nuestros ojos nos muestra oportunidades que a veces no se parecen al estado soñado. Entonces solemos preguntar a la razón qué decisión tomar, y así sopesamos pros y contras, y lo que muchas veces ocurre es que no terminamos de movernos en círculo, en circunstancias, espacios y relaciones aparentemente distintas, pero que al cabo de un tiempo se revelan siendo idénticas a lo ya vivido. La vida se torna en déjà-vu constante.

El verdadero aprendizaje para que nuestro proceso de cambio llegue hasta donde hayamos soñado, debe comenzar dentro, del corazón hacia la estructura, porque es precisamente una estructura lo que estamos cambiando, para que ella, la nueva, nos brinde resultados distintos. Debemos aprender a mirar con el corazón, o dicho de otro modo, a sentir la oportunidad y abalanzarnos sobre ella… Descartar la seguridad de lo conocido y adentrarnos por terrenos ignotos. Aprender a enfrenarnos al riesgo.

La capacidad de ver más allá de lo que el ojo ve, es aún más importante en los momentos de crisis, que o bien ha provocado nuestro propio movimiento hacia delante, o bien ha llegado sola y, no siempre, solo a veces, nos ha cogido por sorpresa tambaleando todo nuestro esquema. ¿Es la crisis, como dicen, una oportunidad para llegar más allá de nosotros mismos? ¿Y dónde se supone que ha de llevarnos?

Cada proceso es uno, y la escucha interior es, sin lugar a duda, el sentido que más debemos entrenar en un proceso de coaching. En realidad no hay sorpresas, ni siquiera la tan temida “crisis”, para quien es consciente… Y es éste, el hombre-mujer consciente -de lo que sucede entre líneas-, quien puede ver la oportunidad donde no existen catálogos visuales ni especificaciones del producto, ni nada tangible a lo que agarrarse.

Como en un paisaje de invierno, lo que el ojo es capaz de ver no es el cambio ni la novedad ni el ansiado futuro, sino lo evidente.

El cambio, la verdadera transformación, tiene lugar bajo tierra, y en la savia vital que discurre dentro de una rama helada. Es ahí donde se oculta la primavera, el renacimiento y el futuro para el ojo entrenado. Es ahí donde debemos aprender a mirar.