Coaching y naturaleza animal sensible

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Coaching, Human potential

Con la evolución no solo de nuestro estilo de vida, sino también de nuestra capacidad de raciocinio, que indiscutiblemente nos sitúa a gran distancia de quienes fuimos y, por ende, de cómo nos comportábamos como Humanidad en estados de civilización más precarios, llegaron los estudios biológicos que comparaban nuestra naturaleza a la naturaleza animal, nos situaban en cierta escala de selección natural y concluían nuestra preeminencia como especie.

Esto supuso una conclusión a la Teoría de la Selección Natural postulada por Charles Darwin, que defendía la competitividad en la lucha por la vida como la naturaleza biológica a la que pertenecemos, obviando el carácter cooperativo de todo ser vivo dentro del reino animal.

Dicho de otro modo, con la postulación de Darwin sobre la selección natural de las especies, asumimos que los seres humanos estamos aquí solo por “selección”, por adaptación a la dureza del medio. Hemos aprendido a jerarquizar la naturaleza, situándonos en la cumbre de una pirámide cuya base parecemos haber perdido de vista. Tanto es así, que entre nosotros hay fuertes y débiles sin que la caída de los menos afortunados en la “selección” nos haga plantearnos si la Humanidad ha tomando el rumbo correcto…

Hemos aceptado como verdad absoluta y única que, como seres de naturaleza animal, aunque dotados finalmente de razón por pura selección natural, en nuestra biología está la lucha por la supervivencia, la competitividad y el liderazgo agresor. Cuando justificamos una decisión de competencia y lucha, lo hacemos observando a otras especies, caparazones para protegerse del enemigo, cuernos para el ataque, colmillos afilados dispuestos a degollar a la presa…

Pero lo cierto es que la evolución ha sido posible sobre todo gracias a la cooperación entre los seres vivos, y que la defensa o el ataque, si bien son parte de la existencia, no son el fundamento de la interacción entre los animales.

Los animales cooperan mucho más que luchan. Hay casos de animales que han adoptado miembros de otras especies, como el caso relativamente reciente de un niño de cuatro años en India, que tras ver cómo su padre degollaba a su madre, huyó del hogar y fue adoptado y alimentado a base de leche por una manada de macacos… El reino animal nos da muestras constantes de alianza, democracia y colaboración.

Es cierto que la vida es dura, que debemos aprender autodefensa, resistir al fracaso, observar el peligro, perseverar en la conquista de nuestro objetivo… Pero la crueldad es un concepto humano, no natural. La agresión está más controlada en los animales que en los seres humanos. Ellos no pierden energía en destruir al oponente si pueden evitarlo, conservan la energía para lo verdaderamente importante, la vida, el momento presente.

Gracias a su naturaleza estable, cooperativa y serena, los animales no padecen estrés ni úlceras de estómago. Cuando el león falla el ataque y el peligro cesa, la cebra vuelve a la calma. No es necesaria la competitividad más allá del instante. El miedo a perder la batalla a futuro, que nos lleva a evitar la entrega mutua, la generosidad y el apoyo a los otros, no es nada que dirija el mundo animal. Es ahí donde está nuestro verdadero aprendizaje para crear un modelo de coexistencia nuevo, para lograr metas ecológicas, en consonancia con nuestros valores, y a la vez favorecer el crecimiento de otros en lugar de mirar a otro lado escudándonos en la selección natural del más fuerte.

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