Recuperar la naturaleza creativa

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Creatividad, Human potential, Miedo, Transformación

-Reflexiones sobre la obra “Mujeres que corren con los lobos”.-

Una de las mayores heridas que la mujer moderna acusa antes o después, o una vez tras otra a lo largo de su vida, es la de haber sido arrancada literalmente de su naturaleza creativa, su naturaleza esencial que la doctora en psicología clínica Clarissa Pinkola Estés analiza en su magistral obra “Mujeres que corren con los lobos”. Despellejada, la mujer busca su piel a tientas en una cultura que todavía atenta contra sus más esenciales instintos…

¿Sientes que has perdido el hilo de tu vida creativa?

Reacciona. Toma decisiones sobre cada acontecimiento, sopesa las posibilidades, aprovecha la oportunidad y reacciona con fuerza.

Para Clarissa Pinkola Estés, el símil de la mujer creativa (mujer en estado salvaje) y el lobo comienza en la capacidad de reacción. Su asombrosa habilidad para localizar lo escondido, concentrarse en el resultado deseado y actuar con decisión, son las características que la mujer domesticada ha perdido y debe recuperar para volver a su estado natural y creativo.

¿Cómo hacerlo?

Sé salvaje. Lo que denominamos estado salvaje no es sino el estado natural, el estado donde el río de la creatividad fluye y nos alimenta. Abandona todo lo que bloquea ese intenso fluir. Debes dejar morir lo que te bloquea para que renazca en ti la sabiduría ancestral que te permite parecer estúpida, irracional o ilógica, sin que ello afecte tu naturaleza esencial. Sin que la estupidez te importe. Como invita la doctora Estés, busca tu estupidez y sé salvaje.

Empieza. Permítete fracasar una vez tras otra y volver a levantarte. El fracaso no nos paraliza. Lo que nos paraliza es la negativa a volver a empezar cuando fracasamos. ¿Tienes miedo? Pues permítetelo. Como repite la autora con insistencia, Si tienes miedo de que algo se te eche encima y te pegue un mordisco, por lo que más quieras, afróntalo de una vez. (De “Mujeres que corren con los lobos”, Clarissa Pinkola Estés). Solo podrás vencer y seguir adelante cuando comiences. Vencerás, y entonces el miedo se habrá desvanecido y serás una mujer nueva.

Protege tu tiempo. Recuerdo una visita a un anciana pintora que tiene un pequeño estudio en la calle Fuencarral de Madrid. Al menos aún lo tenía hace tres o cuatro años, cuando llegué allí por casualidad en compañía de mi hija y una amiga. Nos adentramos creyendo que se trataba de una tienda de pintura surrealista, cuadros llenos de imágenes cargadas simbolismo, rostros asomándose entre árboles, seres nacidos de la imaginación que inmediatamente nos atraparon a las tres… Al entrar, la anciana pintora, con las manos llenas de pintura, trabajaba sobre un lienzo como si fuera una escultura. Los cuadros piden pintura, dijo; es dentro de la pintura donde está el cuadro, y de la pintura tiene que salir el cuadro. Después de dedicarnos unos minutos de su tiempo, nos invitó sin más a marcharnos. Ahora me estáis molestando, dijo, tengo que seguir pintando… Recuerdo que mi abuela también era así. Solía reclamar nuestra presencia para leer su poesía o contar sus historias que siempre nos mantenían boquiabiertos y con los ojos fijos en ella y la mente abierta a su capacidad de evocar mundos imaginarios o realidades excéntricas. Era siempre así. Se mantenía receptiva como una madre nutricia, hasta que de pronto demandaba la soledad, y podía llegar a hacerlo con furia. Y así es como tiene que ser. La mujer salvaje reclama su tiempo para sí misma.

Persevera. Podemos sentirnos fuertes o no, preparadas o no, pero lo que nos permitirá restablecer el sendero hacia nuestra naturaleza creativa será la perseverancia, el empeño en remendar las heridas psíquicas, eliminar los complejos y dedicar el tiempo necesario a la fabricación de unas alas nuevas con las que comenzar a volar imaginativamente, con las que planificar posibilidades para nuestros sueños. Recuperar el alma creativa es tan vital como alimentar a nuestros hijos o dar de beber a nuestros animales y plantas. Tenemos la misma responsabilidad con nosotras mismas que con los seres vivos a nuestro cargo.

Protege tu vida creativa. Si has llegado a sentir hambre de creatividad o alma, es momento de que identifiques los motivos y te prepares para eliminarlos de tu vida de una vez por todas. Una vez hayas regresado a casa, una vez hayas reconectado tu actividad a tu esencia creativa, protégela del exterior, e incluso de tu propio boicot interno. No permitas que ningún pensamiento, ninguna mujer u hombre, ningún compañero o amigo, ningún trabajo, religión o voz te obligue de nuevo a sentir hambre de alma. Como sugiere Pinkola Estés, En caso necesario, enseña los incisivos. (De “Mujeres que corren con los lobos”, Clarissa Pinkola Estés).

Construye tu verdadero trabajo. Crea un espacio propio a caballo entre la responsabilidad prosaica y el éxtasis personal. No dejes que la cultura o tus propios complejos heredados de ella te roben el espacio recién creado para llenarte de energía y venir al mundo convencional, a las tareas vulgares donde hasta ahora te han obligado a perderte. Es en tu hogar interno donde hallarás la fuerza para mantenerte erguida y en equilibrio.

Pon alimento para la vida creativa. La doctora Estés distingue cuatro grupos básicos de alimentos para el alma: tiempo, sentido de pertenencia, pasión y soberanía. E invita a las mujeres a hacer acopio de todos ellos para mantener limpio el caudal del río creativo. Cuando una mujer ha recuperado la piel, ha vuelto al alma, al hogar, a conectar con su naturaleza esencial; la perseverancia, la protección de su vida creativa y la construcción de un espacio-tiempo para sí misma, se convierten en el marco de amparo de sus ciclos creativos, que como todo lo que acontece de modo natural, tiene momentos de subida y momentos de disminución para volver a crecer, pero cíclicamente, siguiendo un orden natural no dañino. Cuando una mujer ha recuperado esos ciclos, nada puede volver a enturbiar el caudal de su producción creativa, porque se ha preparado para neutralizar de modo eficaz cualquier elemento contaminante. El río se convierte en el alimento para la creación, que a su vez fluye con las aguas del río…

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