Coaching que marca la diferencia

Acompañamiento, Coaching

Si echamos la vista atrás, seguro que todos recordamos muchas situaciones donde la diferencia la ha marcado el coaching. A veces han sido amigos que han visto nuestro potencial en un determinado campo, otras un mentor, y las más nuestros padres, que de niños han sacado lo mejor de nosotros, a veces apoyándonos y otras poniéndonos difíciles las cosas, exigiendo un poco más y haciéndonos llegar donde creíamos imposible hacerlo.

No siempre ha habido un rumbo claro y es más que posible que nos hayamos visto inmersos en muchas situaciones para las que nunca hubo coaching, pero la vida ha estado llena, a veces sin darnos cuenta, de buenos entrenadores y pruebas que nos han traído al lugar donde estamos. Gracias al entrenamiento, hemos perseverado y seguimos vivos a nivel interno. 

Bien que mal, nuestra colectividad mantiene la vida física, aunque no siempre, de manera que la verdadera tarea por delante es la recuperación de la naturaleza psíquica que nos une a lo salvaje y nos conduce a salvo cuando las circunstancias cambian y el aprendizaje ya no nos sirve, o es útil solo en su síntesis.

¿Por qué lo salvaje?

La naturaleza del coaching reproduce la gestión de la vida en el reino animal. Cuando la loba entrena a sus cachorros, lo hace llevándolos en carreras que los dejan exhaustos, les conducen por riscos y terrenos pedregosos que destrozan las suaves almohadillas de sus pequeñas patas. Los lobeznos se preparan así para lo que será su resistencia para la caza, en el terreno que les ha tocado batirse. Si observamos de cerca a la madre, comprobaremos que los entrena en la resistencia, la medición de los objetivos, la reserva de la propia energía, y el abandono cuando es necesario sin que ello implique fracaso.

Al igual que los lobos aprenden a dar saltos de varios metros desde una roca, otros animales aprenden el arte del camuflaje o la huída. Sin embargo, en un contexto distinto que dificulta el acceso a comida o agua, los animales que sobreviven son los que se adaptan, los que intuitivamente comprenden la situación y ponen nuevas estrategias en práctica, por ejemplo al explorar nuevas fuentes de alimento.

Lo salvaje domesticado es útil cuando el animal vive bajo la mano del hombre que le da el alimento, pero cuando el alimento no llega (el amor que nos nutre, la emoción positiva vinculada al trabajo, el salario esperado, etc.) es evidente que debemos volver a lo salvaje intuitivo, adaptarnos al nuevo entorno y explorar nuevas fuentes de alimento emocional o muchas veces también literal. Un coach debería ayudarte a hacer todo esto.