La mandarina incómoda

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Ciencia espiritual, Creatividad, Transformación

Peeled Clementine

A veces las mejores experiencias son silenciosas y ocupan un pequeñísimo lapso de tiempo; no pesan y desde luego no llenan el espacio, aunque lo cambian todo.

Hoy he comido la primera mandarina del kilo que compré antes de ayer y dispuse en el frutero de la cocina. Al hincar la uña sobre la piel, como siempre hacía mi abuela, ha rezumado un intenso aroma que hacía mucho tiempo no percibía en la fruta que adquirimos en las grandes superficies. La he pelado con apasionamiento, dejando que el olor impregnara las yemas de mis dedos. Los gajos eran gruesos, también el pellejo interno que recubre y protege la pulpa. Una pequeña sombra en el interior me ha dado un mensaje: éstas sí tienen pipos. Y así es como hoy he comido la primera mandarina de verdad en mucho, mucho tiempo. Entre huesecillos incómodos, he disfrutado un sabor auténtico a mandarina, verdadero como un beso en la mejilla, y no uno de esos xxx que ponemos en los mensajes de texto.

La experiencia me ha dado qué pensar: comer mandarinas con pipo es una cosa incómoda, por eso hemos indagado y practicado injertos hasta eliminar la semilla y lograr una producción de mandarinas cómodas, sin olor, ni gusto, ni tinte anaranjado en los dedos. Y esta sencilla experiencia me ha recordado otra cosa: la vida auténtica es infinitamente más ardua, pero al final sabe a vida.

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