Bebiendo creatividad

Ciencia espiritual, Coaching, Creatividad, Miedo, Transformación, Universo cuántico

Creación es desnudo, vacío. Nadie lleno de conceptos, de expectativas estéticas, de técnica o de posibilidades de mercado puede crear en un sentido genuino, más bien producir (algo que es calco de otro o inspiración de otro). Eso es lo que yo pienso, aunque según la RAE creación y producción sean sinónimos.

La creación nace en el seno de lo invisible y permite dar a luz algo que es único. Eso la hace perfecta, porque nada que sea único puede compararse con ningún modelo sea del tipo que sea. Y por creación yo entiendo también a la forma que toma la persona conforme se desarrolla en el mundo, de manera que uno mismo es una obra creativa, aunque a menudo somos más un producto porque tomamos el mundo a nuestro alrededor como modelo para hacernos a nosotros mismos, en lugar de tomar ese “vacío” de forma del que hablo.

La forma debería ser el resultado pero nunca el origen (modelo a seguir). Mirar a otro para ser yo, por muy exitoso o apetecible que parezca su estilo de vida, me priva de la posibilidad de descubrir a través del acto creativo qué es genuino en mí, cómo soy único, y por lo tanto perfecto. Ésta es la creatividad de la que hablo.

La pregunta ahora es si nuestra sociedad está preparada para la creatividad de este tipo. El exceso de mecanismos de control ha coartado la creatividad de la masa, de forma que en situaciones de descontento, inestabilidad o crisis nos miramos preguntándonos unos a otros qué hacer, porque íntimamente sentimos la llamada de la creatividad pero tememos lanzarnos de lleno a la aventura creativa. Querríamos ir de la mano, crear al unísono, no estar solos.

Quizá sea por eso que a la hora de hacer arte confiamos tanto en la técnica descrita por otros, o en lo social vamos detrás de las buenas ideas que acuñan los líderes de masas, o leemos revistas para decorar nuestra casa en lugar de situarnos en medio del salón y cerrar los ojos para imaginar el espacio… Olvidamos que no estamos solos, que esa chispa creativa está en todos nosotros. ¿Y qué es la sociedad, o toda una civilización, sino la suma de impulsos?

Por eso es importante aprovechar el momento de despertar creativo, no dejarlo pasar. Cada vez que entramos en el “espacio vacío” conectamos con esa vibración colectiva, bebemos juntos creatividad igual que juntos respiramos el aire de nuestro planeta. Tenemos que aprender a cerrar los ojos y entrar en el mundo de lo invisible, porque ahí están las respuestas a la forma que queremos encontrar en el mundo. Somos los encargados de crearla.