Marcos de referencia felices

Cuando algo funciona, déjalo estar. Cuando ha demostrado su ineptitud, cámbialo. Es una máxima esencial en la búsqueda del bienestar o felicidad, ¿no os parece?

Pero «cambiar lo inepto», ¿no significa también construir nuevos marcos de referencia, o al menos someter los viejos a examen?

Quienes siguen hablando de derechas o izquierdas, observan los marcos de referencia que en España nos llevaron de cabeza a una guerra. Quienes secundan el concepto de «nación» corren el riesgo de amar tanto sus fronteras mentales como el nacionalsocialismo terminó amando las suyas. Incluso quienes emplean el término de «democracia» tal vez deberían someterlo a examen, porque no vale con decir «es que esto no es democracia» cuando «esto» de lo que hablamos tanto últimamente es lo que es, o al menos es en lo que ha derivado, en tanto la gestión finalmente está en manos de algunos… (Una buena noticia es que hay quienes ya están inmersos en ese trabajo de repensar los cimientos mismos de la Democracia).

La fidelidad a nuestros queridos «marcos de referencia» está llena de trampas. Trampas que nos hacemos nosotros y que en extremos terminan convirtiéndonos en verdaderos caníbales dispuestos a devorar a nuestros iguales.

Reconstruir desde el interior de los marcos de referencia tiene sus riesgos, es cierto. Es como una rehabilitación de un edificio antiguo. Hay quien le hace un lavado de cara y quien lo deja en el esqueleto, su belleza inicial.

Belleza es, por cierto, un concepto interesante cuando hablamos de cambios. Porque belleza es tan abstracto como lo es la dirección de nuestros valores primeros, que son otra forma de «marcos de referencia», son nuestras guías internas, que con frecuencia terminan fusionándose con determinadas formas de hacer (un dramático ejemplo lo está protagonizando el fundamentalismo islamita). Belleza es orientación creativa (de «crear»), y cuando la orientación es destructiva, cuando la forma que algo toma destruye el «ideal» inicial, bien sea por desgaste razonable del paso del tiempo, o porque alguna mano «negra» ha tergiversado su dirección primera; la belleza desaparece y queda la forma. Y por mucho que disfracemos la forma bajo un atuendo «estético», eso ya no es BELLEZA.

Cambiar los marcos de referencia es un trabajo arduo que significa evaluar y elegir. Pero una vez hecha la feliz tarea de llegar al fondo de lo viejo «válido», se inicia una apasionante labor de diseñar y construir lo nuevo. Eso sí, lo nuevo volverá a ser viejo algún día, y ese día, será momento de evaluar nuevamente qué nivel de rehabilitación vamos a hacerle a nuestro edificio.

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